jueves, 24 de junio de 2010

Todo por la pasta

No hace mucho, Miguel Boyer, antiguo ministro de Economía y Hacienda, supuestamente socialista (nadie que diga que no haría un trabajo público porque un salario que multiplica por diez el mínimo le parece bajo se puede llamar socialista), ha dicho que si se siguen bajando los sueldos de los ministros, esos puestos solo los ocuparán analfabetos.

El señor Boyer, entendía que no se trata "equiparar estos sueldos a los de los presidentes de los bancos, pero a lo mejor sí a los de algunos subdirectores generales de cualquier empresa, algo que (le) parece razonable."

Evidentemente, podría hacer comentarios varios sobre si las carteras de nuestros ministerios están en manos (o lo hayan estado alguna vez) de la élite intelectual de nuestro país, o que esa élite este en las grandes empresas, bancos y cajas (esas que necesitaron el rescate pagada por nosotros, la mayoría analfabeta), pero voy a pasar de todo, al menos hasta que alguien me presente un solo tipo brillante que sea jefe en una de estas instituciones.

Además, ya hay más que sobradas opiniones que reflejan que ya hay suficientes analfabetos bien pagados en cargos públicos. Buscad un poco por la red, incluso acerca del mismo Boyer, y encontrareis interesantes artículos al respecto.

Para mí, el mayor problema que tienen las palabras de Boyer, es esa tan extendida opinión, y que es una de las grandes lacras de nuestra economía, que dice que la inteligencia se compra con dinero.

Lo voy a resumir para ver si son capaces de entenderlo. Más sueldo no es igual a un trabajador más eficiente, más contento, más leal, más inteligente, más productivo, ni más... (póngase aquí cualquier cualidad deseada en un trabajador).

Aunque es cierto eso que dicen los anglosajones "If you pay peanuts, you get monkeys" (Si pagas cacahuetes, tendrás monos), una vez que un empleado considera que su salario es digno y que es lo que se merece por su trabajo, entran en juego muchas variables para sentirse o no a gusto en un puesto.

La verdad es que un mal sueldo, desmoraliza a cualquiera, y puede convertir a un buen trabajador en uno muy malo, pero pagar autenticas barbaridades a una pandilla de ineptos, no los convertirá en otra cosa que ineptos con pasta (lo que a menudo es contraproducente, ya que se vuelven más arrogantes).

Por eso, si quieren que sea más productivo en mi trabajo, páguenme, pero páguenme con un horario flexible, jornadas laborales que no se extiendan hacia el infinito, herramientas adecuadas para hacer mi trabajo, páguenme con no interrumpir mis vacaciones con llamadas de jefes que no saben hacer el suyo, páguenme con formación, páguenme valorando y respetando mi opinión, cuando se trata de hablar de un trabajo que saben que sé hacer bien, páguenme respetando el contrato (que no sólo lo he firmado yo),páguenme dejándome trabajar desde casa si es posible, páguenme con confianza, honradez y un trato humano.

¡Y páguenme un salario digno! que aunque no sólo de pan vive el hombre, también hace falta.