Copiando literalmente de la wikipedia, "El Día Internacional del Libro es una conmemoración celebrada a nivel internacional con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor", y sabiendo esto, quizá a mucha gente se le hayan quitado las ganas de celebrarlo.
El día de hoy coincide con la muerte de Cervantes y Shakespeare, que fue uno de los motivos que impulso a elegir esta fecha.
Curiosamente, de estos dos autores, solo tengo un libro de Cervantes en mi casa, en concreto, tengo El Quijote, como tanta gente, adornando en la estantería. Lo leeré, lo prometo, pero antes tengo que acabar unos cuantos.
De Shakespeare, he leído mucho más, Romeo y Julieta, Hamlet, Otelo, El rey Lear, Macbeth, Julio César, y creo que Antonio y Cleopatra. Puede que incluso alguno más. Curiosamente no poseo ningún libro suyo. Una amiga mía tenía una colección de las obras completas de varios autores, y a mí me dio por el inglés. Supongo que la responsabilidad de devolver algo que no era mío, me hizo leerlos más rápido. Dudo también, que nadie de aquella familia hiciese un uso más intensivo de aquella biblioteca que yo.
A mi me surge la pregunta, ¿se puede fomentar el mismo día, la lectura, la industria editorial y los derechos de autor? ¿Poseer libros es igual que leerlos?
Hace un tiempo, antes de la crisis, en un programa de radio de estos subversivos que escucho, y en los que a veces, hasta tienen la desfachatez de hablar de libros, le preguntaban a un escritor sobre la situación de los autores, ya que en ese momento, la venta de libros había alcanzado un punto álgido. Recuero que él respondió algo así como 'Si se lee, a la literatura le va bien, si se venden libros, a los libreros les va bien, y pase lo que pase, a los escritores les va mal'.
Creo en los derechos de autor, y en que deberían ser para los autores. Pero no en cómo se gestionan. A Cervantes y Shakespeare no les queda más derecho que el de ser leídos. Los derechos de autor pertenecen a los autores, y deberían morir con ellos. Y no deberían ser transferibles, y mucho menos a grandes entidades, como las industrias editoriales o discográficas, que no tienen un verdadero interés en la cultura o en fomentar la lectura, si no que están ahí, como todas las industrias, por otra parte, para hacer dinero.
Todos sabemos, que pase lo que pase, y venda lo que se venda, excepto para unos pocos afortunados, que siempre vender por millares, los autores reciben una parte ridícula de los beneficios que genera su obra.
Internet, y el libro electrónico, posibilitará que cada uno, pueda vender sus propios libros, e incluso ya ahora mismo, plataformas que dan gran parte del dinero que paga el lector a sus autores. Con el tiempo, la industria editorial de papel podrá ser obviada, y la relación entre autor y lector más cercana.
Toda esta lucha entre las industrias y sus clientes - sé que lucha suena raro, pero en el negocio cultural parecer ser el único en el que el cliente no siempre tiene la razón-, acabarán por ganarla los clientes, que son en realidad los que tienen la pasta -por eso siempre tienen la razón-, y hacen con ella lo que quieren, y solo sobrevivirán aquellos productores, como ha pasado siempre, que sepan adaptarse a los tiempos y ofrezcan a sus clientes lo que ellos quieran.
A los que quieren frenar el cambio. Al final ganaremos, y vosotros desapareceréis, es inevitable, y si no, tiempo al tiempo.
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