martes, 20 de abril de 2010

Una kalashnikov y un lexatin

No sé si por desarraigo, por predisposición genética, por el entorno social, o simplemente por encajar, a veces me siento desanimado, triste, lo que probablemente muchos llamarían, creo que con demasiada ligereza, deprimido.

Sin encontrar un término medio paso de no querer hacer nada, a querer coger un kalashnikov y arreglar el mundo a la fuerza. Obligarlo a mejorar.

Desanimado o iracundo. Siempre de mal humor.

Quizá para anestesiar esta situación muchos acudirían al siquiatra, a por su dosis de inhibidores de la serotonina. Los más sensatos, se darían al alcohol. Que no necesita receta. Y aunque es una posibilidad que me he planteado, no puedo permitirme tanta borrachera, ni económicamente (extrañamente, no me gustan demasiado los vinos baratos), ni socialmente, ya que haría daño a mucha gente que me quiere -bueno, no tanta, aunque la calidad compensa la escasez-, y a la que, lo que es peor, yo también quiero (aunque tampoco pienso hacerme abstemio).

La otra opción es la más honrosa. Ponerme manos a la obra, y deshacerme de aquello que tanto me disgusta. Y que creo que tanto nos perjudica a todos. Sacar la basura, vamos. Pero no es nada fácil conseguir un rifle y el club de los inútiles, gorrones, corruptos y gilipoyas es demasiado grande. Estamos ante el mismo problema que el alcohol. No me lo puedo permitir. Simplemente no hay balas para todos.

Pero como esto habrá que superarlo de alguna manera, he decidido recurrir a lo que ya me ha funcionado alguna que otra vez. Escribir. Escuchar (buena, según mi percepción) música. Releer el arte de la guerra. Pero sobre todo escribir.

Para eso está este blog. Necesito confesarme. Y como no sé cómo funciona con los curas, lo haré ante vosotros.

Empezaré por el principio. Estoy frustrado. De ahí nacen mi irá y mi desánimo. No soy el tipo que me imagine que sería. Así que en vez de seguir culpando al mundo, y de quedarme gritándole que no me gusta, he decidido hacer algo. Cambiar. Cambiar yo, y en la medida que pueda, lo que me rodea.

Últimamente me he dado cuenta de que me paso demasiado tiempo a saltos entre la ira y el desánimo. Sin embargo, si tengo que saltar de una a otra, quizá sea porque haya algo en medio. Así que la próxima vez intentaré caminar de una a otra.

Desarmado y sin antidepresivos. Así he decidido pasar mis días. Al menos por ahora.

Es posible que si alguien se siente así, y prefiera leer que escribir, es decir, que no sea tan egocéntrico como yo, este blog le sirva tanto o más que a mí.

Un saludo a todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario